Desiertos: características, clima y vida en el ecosistema más árido

Paisaje desértico con dunas de arena y vegetación adaptada a la aridez

 

Hay un dato que sorprende a casi todo el mundo la primera vez que lo escucha: una quinta parte de toda la tierra firme del planeta es desierto. No hablamos de un rincón exótico y marginal, sino de un ecosistema que cubre aproximadamente el 20% de la superficie terrestre. Y sin embargo, lejos de estar vacío, el desierto es uno de los escenarios donde la evolución ha tenido que esforzarse más para hacer posible la vida.

La imagen mental que casi todos tenemos, dunas de arena interminables bajo un sol abrasador, es solo una parte muy pequeña de la realidad. Hay desiertos helados, desiertos rocosos, desiertos costeros bañados por corrientes frías. Lo que todos comparten no es el calor, sino algo mucho más determinante: la escasez extrema de agua.

 

Qué hace que un lugar sea desierto

La definición técnica de desierto no depende de la temperatura sino de la precipitación. Un territorio se considera desierto cuando recibe menos de 250 milímetros de lluvia al año, y muchos reciben muchísimo menos, apenas 100 milímetros o incluso menos en los casos más extremos. Esa escasez de agua es la que condiciona absolutamente todo lo demás: qué plantas pueden crecer, qué animales pueden sobrevivir, cómo se comporta el suelo y hasta cómo varía la temperatura a lo largo del día.

Precisamente esa variación de temperatura es otro de los rasgos definitorios de muchos desiertos. Sin nubes que retengan el calor durante la noche, la energía acumulada durante el día se escapa rápidamente hacia el espacio en cuanto el sol se pone. El resultado es un contraste térmico brutal: superficies que superan los 50°C durante el día pueden caer a temperaturas cercanas a cero, o incluso bajo cero, pocas horas después.

 

No todos los desiertos son cálidos

Aquí es donde la imagen popular del desierto suele fallar. Existen desiertos subtropicales, que sí encajan con la imagen típica de calor extremo y poca vegetación, situados alrededor de los 30 grados de latitud donde las altas presiones atmosféricas impiden la formación de nubes.

Pero también existen los desiertos polares, presentes en la Antártida y partes del Ártico, donde la aridez no se debe a la falta de nubes sino a las temperaturas tan bajas que cualquier precipitación se congela antes de poder llegar al suelo en forma líquida. La Antártida, de hecho, es técnicamente el desierto más grande del planeta, mucho más extenso que el Sahara, aunque pocas veces lo pensemos así.

 

Cómo sobrevive la vida cuando casi no hay agua

Lo verdaderamente fascinante del desierto no es su aridez, es la cantidad de soluciones distintas que ha encontrado la vida para sobrevivir a ella.

Las plantas desérticas han desarrollado estrategias muy variadas. Los cactus almacenan agua en tejidos especializados dentro de sus tallos carnosos, mientras que sus hojas se han reducido a espinas para minimizar la pérdida de agua por evaporación. Otras plantas, en cambio, optan por desarrollar raíces extraordinariamente profundas, capaces de alcanzar capas de humedad muy por debajo de la superficie, fuera del alcance de la mayoría de competidoras.

Los animales del desierto han optado por estrategias igualmente ingeniosas. Muchos son nocturnos, evitando por completo la actividad durante las horas de calor extremo y aprovechando la frescura relativa de la noche. Otros han desarrollado riñones extraordinariamente eficientes, capaces de concentrar la orina hasta extremos que en otros animales sería imposible, minimizando así la pérdida de agua corporal. Algunos roedores desérticos son capaces de sobrevivir prácticamente sin beber agua líquida nunca, obteniendo toda la que necesitan exclusivamente de las semillas que comen.

 

El desierto como ecosistema, no como vacío

Es fácil pensar en el desierto como un lugar donde «no pasa nada», pero esa percepción es completamente errónea. Cada especie que ha logrado adaptarse a este entorno forma parte de una red de relaciones tan compleja como la de cualquier bosque tropical, solo que mucho más sutil y difícil de apreciar a primera vista.

Las plantas del desierto sostienen a insectos especializados, que a su vez alimentan a pequeños reptiles y aves, que a su vez son presa de depredadores mayores como zorros del desierto o aves rapaces. Eliminar cualquier eslabón de esta cadena, aunque parezca insignificante, puede desestabilizar todo el equilibrio de un ecosistema que ya funciona en los límites de lo posible.

 

Una amenaza creciente: la desertificación

Los desiertos naturales son ecosistemas legítimos y valiosos, pero existe un fenómeno distinto y preocupante llamado desertificación: la transformación de tierras antes fértiles en paisajes áridos, generalmente debido a la sobreexplotación agrícola, la deforestación o el cambio climático. A diferencia de los desiertos naturales, que han tenido millones de años para desarrollar ecosistemas adaptados, las tierras desertificadas pierden su biodiversidad de forma mucho más rápida y traumática, sin que la vida tenga tiempo de adaptarse al nuevo escenario.

 

Preguntas frecuentes sobre los desiertos

 

¿Cuál es el desierto más grande del mundo?

Si contamos los desiertos polares, la Antártida es el desierto más extenso del planeta, con una superficie de aproximadamente 14 millones de kilómetros cuadrados. Si nos limitamos a los desiertos cálidos, el Sahara es el más grande, con unos 9 millones de kilómetros cuadrados.

 

¿Llueve alguna vez en el desierto?

Sí, aunque de forma escasa e irregular. Cuando llueve en el desierto suele hacerlo de manera intensa y repentina, en forma de tormentas cortas que pueden provocar inundaciones súbitas, ya que el suelo árido no absorbe el agua con la rapidez suficiente.

 

¿Por qué hace tanto frío de noche en el desierto si de día hace tanto calor?

Por la falta de humedad en el aire. El vapor de agua actúa normalmente como una manta que retiene el calor durante la noche. Sin esa humedad, el calor acumulado durante el día se escapa hacia la atmósfera con muchísima rapidez en cuanto se pone el sol.

 

¿Viven personas en los desiertos?

Sí, millones de personas habitan zonas desérticas en todo el mundo, adaptando su forma de vida a la escasez de agua mediante técnicas tradicionales de irrigación, arquitectura adaptada al calor extremo y, en muchos casos, un conocimiento ancestral sobre dónde y cuándo encontrar agua que se ha transmitido durante generaciones.

El desierto es, en el fondo, una lección de adaptación llevada al extremo. Donde la mayoría de la vida encontraría condiciones imposibles, un puñado de especies ha encontrado precisamente su lugar en el mundo.