Frailecillo atlántico: características, hábitat y por qué está en peligro

Frailecillo atlántico posado en un acantilado costero del Atlántico Norte

 

Hay aves que parecen diseñadas por un comité de animadores con buen sentido del humor. El frailecillo atlántico es una de ellas: pico ancho de rayas naranjas y grises, ojos enmarcados por un antifaz blanco, andares torpes sobre las rocas que contrastan con una elegancia sorprendente bajo el agua. Es fácil quedarse en lo anecdótico de su aspecto, pero detrás de ese pico de colores hay un ave perfectamente diseñada por la evolución para sobrevivir en uno de los entornos más exigentes del planeta: los acantilados y aguas frías del Atlántico Norte.

Su nombre científico es Fratercula arctica, y pertenece a la familia Alcidae, el mismo grupo de aves al que pertenecen los álcidos y los araos. A diferencia de lo que mucha gente asume al verlo por primera vez, no tiene ningún parentesco cercano con los pingüinos, aunque comparta con ellos ese aire entre cómico y entrañable.

 

Un pico que cambia con las estaciones

Lo primero que llama la atención del frailecillo es su pico, y con razón: es la parte de su cuerpo que más varía a lo largo del año. Durante la primavera y el verano, en plena temporada de reproducción, se cubre de placas de color naranja, amarillo y gris azulado que le dan ese aspecto multicolor tan reconocible. Cuando termina la cría, muda esas placas y el pico se reduce de tamaño, volviéndose más apagado y gris hasta el siguiente año.

El resto del cuerpo sigue un patrón más sencillo: dorso y alas negros, vientre blanco, cara pálida con un parche oscuro alrededor del ojo que recuerda vagamente a un antifaz. Las patas, cortas y de un naranja intenso, tienen membranas entre los dedos que le sirven tanto para nadar como para sujetarse a las rocas húmedas de los acantilados donde anida.

Mide entre 28 y 30 centímetros y pesa alrededor de 400 gramos, un tamaño parecido al de una paloma grande pero con un cuerpo mucho más compacto, pensado para bucear y no para volar con elegancia.

 

Un ave que vuela mejor bajo el agua que en el aire

Aquí está quizá el dato más curioso del frailecillo: vuela bastante mal, en comparación con otras aves marinas, pero es un buceador extraordinario. Sus alas son cortas y rígidas, poco eficientes para sostenerlo en el aire durante mucho tiempo, pero perfectas para impulsarse bajo el agua como si estuviera «volando» entre dos aguas. Puede alcanzar profundidades de hasta 60 metros y permanecer sumergido más de un minuto en busca de peces.

Su técnica de pesca tiene un detalle sorprendente: el pico, además de su colorido, tiene pequeñas púas internas orientadas hacia atrás. Eso le permite sujetar varios peces a la vez en la boca mientras sigue abriendo el pico para atrapar más, sin que las presas anteriores se escapen. No es raro ver fotografías de un frailecillo asomando a la superficie con media docena de pececillos colgando ordenadamente de su pico, una imagen que se ha convertido en una de las más compartidas de esta especie.

 

Colonias en lo alto de los acantilados

El frailecillo atlántico vive en las costas rocosas del Atlántico Norte: desde el este de Canadá hasta Groenlandia, Islandia, las islas británicas y Noruega, con presencia más puntual en el norte de la península ibérica durante el invierno.

Pasa la mayor parte del año en mar abierto, lejos de la costa, alimentándose y descansando flotando sobre las olas. Solo regresa a tierra entre abril y agosto para reproducirse, y lo hace en colonias que pueden reunir a miles de parejas en un mismo acantilado. Para anidar prefiere suelos blandos en lo alto, donde excava madrigueras de hasta un metro de profundidad con el pico y las patas. Allí, en la oscuridad del túnel, pone un único huevo por temporada, y tanto el macho como la hembra se turnan para incubarlo y alimentar después al polluelo.

Como ocurre con otras especies de latitudes frías, su ciclo de vida depende de un equilibrio muy concreto entre temperatura del agua, disponibilidad de presas y estabilidad del entorno costero donde se reproduce.

 

Por qué está en peligro

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasifica al frailecillo atlántico como especie vulnerable, y las razones tienen que ver sobre todo con cambios en su fuente de alimento. El calentamiento de las aguas del Atlántico Norte está alterando la distribución de los peces pequeños de los que depende, como el arenque o el lanzón, obligando a las colonias a desplazarse o a criar con menos éxito si la comida escasea cerca de sus acantilados habituales.

A esto se suman amenazas más directas: la introducción de depredadores como ratas en islas donde antes no existían, que devastan los huevos y polluelos en las madrigueras, y la contaminación marina, que afecta tanto a su salud como a la disponibilidad de presas limpias. En algunas de las colonias más estudiadas, como las de Islandia o las islas británicas, los censos recientes muestran descensos preocupantes en el número de parejas reproductoras.

 

Preguntas frecuentes sobre el frailecillo atlántico

 

¿El frailecillo es pariente del pingüino?

No, aunque el parecido en el aspecto y en su torpeza al caminar sobre tierra firme invite a pensarlo. Los pingüinos pertenecen a un orden completamente distinto y viven exclusivamente en el hemisferio sur, mientras que el frailecillo es propio del hemisferio norte y sí puede volar, aunque no muy bien.

 

¿Cuánto tiempo vive un frailecillo atlántico?

Puede vivir más de 20 años en libertad, una longevidad notable para un ave de su tamaño, aunque la mayoría de los ejemplares no superan los 10 o 15 años debido a los riesgos del mar abierto y los primeros años de vida en colonia.

 

¿Por qué se llama frailecillo?

El nombre hace referencia a su plumaje blanco y negro, que recuerda al hábito de algunas órdenes religiosas, combinado con el diminutivo cariñoso que alude a su tamaño compacto y su aspecto entrañable.

 

¿Dónde se puede ver un frailecillo en libertad?

Las colonias más accesibles para la observación están en Islandia, las islas Feroe y algunas zonas costeras de Escocia e Irlanda, donde durante el verano es posible visitar acantilados con miles de parejas anidando a poca distancia de los senderos habilitados para turistas.

Pocas aves logran combinar tanto contraste entre torpeza y maestría como el frailecillo atlántico: incómodo en tierra, casi cómico en el aire, y sorprendentemente hábil bajo el agua, donde realmente se juega su supervivencia.